Por el Profesor Claudio Galasso
La fuerza en deportes de resistencia
Entrenar la fuerza, no necesariamente debe llevar al crecimiento de los músculos. Ciertos autores, en particular del área de la kinesiología, dividen a los músculos del ser humano en 3 categorías:
1. músculos lisos (presentes en las vísceras y en los que percibimos en ¡el típico “dolor” de panza!!)
2. músculo cardíaco, un tejido especializado en resistir años y años, ¡gracias a Dios!!
3. músculo esquelético, aquel que usamos cotidianamente para movernos.
Nos referiremos a esta última categoría de músculos –los esqueléticos–.
Puesto que de acuerdo con sus funciones principales se subdividen en dos subcategorías, cada una de ellas con características particulares, de allí que debamos estimularlos de manera diferenciada.
a) Músculos tónicos,
b) Músculos fásicos.
Musculatura tónica
A ella nos referiremos en esta cuarta entrega, ya que son el sostén del esqueleto. Es una masa muscular “escondida”, pues se encuentra en un plano profundo del cuerpo. Por lo general poco entrenada, porque no es un motor propulsor habitual en el correr: es una musculatura de sostén o estabilizadora, que se usa de forma protagónica cuando la intensidad del ejercicio es alta o la superficie difícil (subidas). Llamada “postural” porque es la encargada de mantenernos en bipedestación (si bien ni siquiera pensamos en ella para hacerlo), es la responsable además de colaborar con funciones básicas como son la respiración, la excreción, etc..
Esta región muscular reúne un gran número de pequeños músculos llamados de contracción lenta o “lentos”. Cuando practicamos un deporte, estos músculos participan durante nuestras acciones motoras como fijadores y sostenedores del esqueleto, pues permiten accionar palancas asociadas a la traslación. En otras palabras, mientras estamos preocupados por correr más rápido y, por ende, fijando la atención en la musculatura fásica (la principal involucrada en las acciones rápidas), la musculatura tónica controla de manera involuntaria, y automática nuestro tronco, permitiéndole adaptarse a los cambios propuestos por el terreno y la intensidad de la carera.
Por cierto, no reparamos en ella hasta que “nos pasa factura”, en la medida en que son generadores de lesiones de la musculatura tónica por sobrecargas, las que aparecen por posturas incorrectas al andar o trabajar. Por ejemplo: oficinistas, dibujantes, diseñadores, programadores, etc., en suma, todos aquellos que están frente a una computadora o en escritorios o frente a un tablero de dibujo por horas y van adoptando posturas viciosas. Si no atendemos esta situación, puede generarse un antecedente, o sea, nos predisponemos a lesiones mayores mientras corremos, algunas de las cuales son transitorias y otras pueden llegar a ser permanentes.
En resumen, correr altos volúmenes o a altas intensidades por superficies fuera de las acostumbradas y además no poseer una espalda fuerte, nos prepara para una posible lesión muscular y a veces articular.
¿A quién le agradaría tener que dejar de correr por problemas lumbares, o porque nuestra cadera ha modificado su posición, o porque hemos permitido que nuestra columna vertebral “cambie” su forma? … Todas estas situaciones se abordan desde el entrenamiento tónico, más precisamente, de la musculatura tónica o de sostén.
Los músculos más representativos son:
En el tronco
* Paravertebrales (en un plano profundo y sobre las vértebras)
* Lumbares
* Abdominales
* Glúteos
En las piernas
* Los Isquiotibiales (en la cara posterior de las piernas)
* Sóleo y gemelos (en la pantorrilla)
Colaboracion de F.C.Max